Sobre la controversia del título no seré yo quien diga que lo uno es bueno y lo otro malo, o viceversa. Sí digo, constato, que lo otro, o sea, la propaganda, tiene mala fama y por eso casi nadie reconoce que lo suyo es pura propaganda (tan honesta ella cuando pensamos que se trata de apoyar una causa justa, es decir, cuando quien así la valora piensa que la causa es justa aunque sepa de sobra que hay otros que no están de acuerdo). No sigo porque me acabaría metiendo en un laberinto, así que concluyo: La subjetividad se impone normalmente a cualquier criterio de valoración y, de este modo, aquello que usamos en nuestro provecho lo justificamos (siempre encontraremos el mecanismo adecuado para ello) mientras que lo reprobamos cuando quien lo usa es nuestro contrario. Eso es lo que pasa con la propaganda. Así puedo explicarme que a los autores del documental “La sombra del iceberg” les acusaran poco menos que de neonazis, porque con su película abren la sospecha de que la famosísima fotografía “El miliciano muerto” de Robert Capa fuera una puesta en escena (posiblemente con miras propagandística, pues así se usó) y no una instantánea que recoge casualmente el momento dramático de una muerte impactante. La cuestión no resta valor moral ni valor artístico a la fotografía. Pienso yo. Lo que sí hace es revolver una historia que se daba por sabida y tal vez desmentir los principios de veracidad
sobre los que se ha basado la más importante agencia mundial de reporterismo gráfico. Quizás ahí esté el dolor.
Anoche vi el documental y luego escuché los comentarios de los autores. La sesión fue en una de las salas del cine Albatros (lleno absoluto), con la presencia de ellos y de buena parte del equipo que ha colaborado en la realización de la película. Y desde entonces no hago más que darle vueltas en mi cabeza. El trabajo de investigación de Hugo Doménech y Raúl M. Riebenbahuer ha sido excelente. El resultado es este documental, premiado ya en varios certámenes y festivales, que muestra paso a paso todo el proceso y en el que no faltan sus propios montajes originales y algunas notas de buen humor. Un documental que hace pensar y que dará que hablar porque abre muchos interrogantes y porque sugiere muchos debates. El de la información veraz frente a la propaganda lícita (o no) es sólo uno de ellos.
sobre los que se ha basado la más importante agencia mundial de reporterismo gráfico. Quizás ahí esté el dolor.Anoche vi el documental y luego escuché los comentarios de los autores. La sesión fue en una de las salas del cine Albatros (lleno absoluto), con la presencia de ellos y de buena parte del equipo que ha colaborado en la realización de la película. Y desde entonces no hago más que darle vueltas en mi cabeza. El trabajo de investigación de Hugo Doménech y Raúl M. Riebenbahuer ha sido excelente. El resultado es este documental, premiado ya en varios certámenes y festivales, que muestra paso a paso todo el proceso y en el que no faltan sus propios montajes originales y algunas notas de buen humor. Un documental que hace pensar y que dará que hablar porque abre muchos interrogantes y porque sugiere muchos debates. El de la información veraz frente a la propaganda lícita (o no) es sólo uno de ellos.






















Leo en el diario Las Provincias de hoy (29 de agosto de 2008) que el grupo “Niñamala” va a distribuir copias gratis de su último disco, como modo de promoción de su trabajo, debido sobre todo a lo difícil que resulta el acceso a los canales de distribución discográfica, colapsados por las grandes estrellas de la música, y también porque el mercado tampoco es ya una garantía de ingresos. Otros que pelean contra viento y marea. Son muchos. Somos. Bueno, lo que me importa ahora es destacar la gran calidad de este grupo, al que tuve ocasión de ver y escuchar en una obra teatral que pasó por Espacio Inestable y por la sala Matisse de Valencia en el pasado mes de mayo. La obra lleva por titulo “Rabioso Gardel”, y es un repaso con música en vivo y sabor a tango de algunos aspectos de la vida del inolvidable Carlos Gardel. El autor de la obra y de la música es Alberto Torres Blandina, líder de Niñamala. Me gustó la obra en su conjunto, la idea y el desenfado de su puesta en escena, con Alejandra Garrido en la dirección y una buena interpretación de Maribel Bayona, encantadora como siempre, y de un estupendo Alejandro Pino (en la foto, un momento de la representación). Y me gustó mucho la música creada por Alberto Torres Blandina, y sobre todo su desenvoltura en el escenario. Suerte, “Niñamala”. Os la merecéis.




